Juntos pero Libres

La libertad no es salir de la jaula, la libertad es decidir si quedarte o irte, volar o descansar, estar o no. Quiero que estemos juntos y que seamos libres. Libres de querernos sin límite, o de poner las barreras que nos hagan sentir seguros. Quiero tener la libertad de volar muy alto, y aunque tú no vueles a la misma altura, saber que sigues volando junto a mí.

Quiero muchas cosas contigo, pero más que nada, que me dejes libre. Porque la libertad contigo es salirme de una jaula, que, de manera extraña, tiene la forma de tu boca. La boca de un lobo, y los lobos no tienen alas.

Sí no vuela, no lo quiero.

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New Year, Same Me.

Sí, same me. Solo que esta vez entendiendo un poco más a los intangibles de mi alrededor.

Este es el primer inicio de año que me levanto sin un texto de alguien diciéndome que me quiere, reclamándome o insinuándose. Este ha sido el mejor inicio de año hasta la fecha. Lo mejor ha sido iniciar conmigo, estando sola, sin la necesidad de otro. Desde que tengo consciencia de mi clítoris, esta es la primera vez que me ame lo suficiente como para sentirme bien de no tener a alguien.

Muchas veces no toleramos estar solos, pero no estoy sola, me tengo a mí y eso me basta. Soy lo suficiente profunda para darme comfort y música para volar.

Me veo al espejo y sigo siendo la misma de ayer, el cambio de año no me cambia a mí. Los cambios se hacen a lo largo del tiempo y eso es algo duro de aceptar. El tiempo se ha convertido en mi intangible favorito por darnos la ilusión de que podemos cambiar nuestro destino en una noche. Ese pensamiento que una llamada de cinco minutos vale la pena, o que tomarle de la mano y ser pacientes tiene su recompensa.

Le digo al tiempo que este año quiero que me abrace y me enseñe lo que es amar, confiar y esperar.

Amarme, amarlo/a, amarlos/as.

Confiar en mí, él o ella, ellos/as.

Esperarme, esperarlo/a, esperarlos/as.

Un ecosistema de engranajes para un reloj orgánico.

Limbo Emocional

No quieres que comience pero que tampoco termine.

No quieres que sea tuya pero no puedo ser de nadie.

No quieres entrar al cielo, pero tampoco irte al infierno.

Ni lejos ni cerca.

Ni la ciudad, ni la playa, el Doral tal vez.

Un Limbo Emocional hecho carne.

Su verbo favorito, uno que no se lo lleva el viento.

El pastel que no quiere que acabe, dos mordiscos y un poco para después. Mucho después cuando le ataque el hambre a media noche y no tenga nada más en el refrigerador.

Nada más para comer que tú.

 

 

 

con especial dedicatoria a todos los hijos de puta que no pueden concretar nada 

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Ganancias

Se me quitaron las ganas

Se me quitaron las ganas de quererte cuando me dijiste que solo lo hiciste porque tenías ganas.

¿Qué ganas con ser así?

¿Un ganado fiel?

¿Un corazón bien gangrenado?

Ganas mis ganas de irme remando en mi mar de lagrimas

Tus ganas me dieron ganas de no quererte

Irme lejos donde las ganas como las tuyas no ganan

Y las ganas como las mías tienen ganancias

Un capital amoroso que me abunde y se multiplique

Un activo que no deje de brillar

Un pasivo que me equilibre dentro del caos

Una formula perfecta para dejar de ser una del ganado de las ganas

Y ganarme al Afectivo

El suelo de vidrio

Cuando estoy contigo me siento parada en la mitad de la nada. Todo está oscuro y veo el suelo, es de vidrio. A lo lejos veo una luz y quiero alcanzarla. La luz son tus labios, tus ojos, tus manos, tú. Sos pura luz y te quiero. Comienzo caminando, aumento la velocidad, entonces troto hacía ti. La emoción no me cabe en el cuerpo, entonces noto que el suelo comienza a quebrarse y paro, me lleno de miedo y me paralizo. La luz se aleja y no sé que hacer. No sé como avanzar sin quebrar el camino.

Estando juntos todo es frágil, y me rehusó a quebrarnos. La delicadeza de mis pasos se volvió un sentimiento rígido. Me tenso mientras un temor asqueroso me camina en todo el cuerpo. Una vez corrí en nuestro suelo de vidrio y lo quebré de maneras que nunca imaginé. Ahora pienso más de una vez mis movimientos, llego al punto de crear grietas en el suelo porque mucho me pesan los pensamientos. Ya ni siquiera es por avanzar.

Me brota agua del rostro y ya no se diferenciar, si es sudor o lágrimas. Sudor por mantenerme tan quieta y ansiosa, o lagrimas de no saber que hacer mezcladas con tristeza.

Veo la luz, me lleno de energía para avanzar un poco, pero se fragmenta el suelo. Son pedazos cada vez más profundos, el peso que me cargo es insoportable.

No sé avanzar, no sé quedarme quieta, no sé cómo llegar hasta ti sin quebrar el camino.

Reactor Emocional

Parada en el centro de una ciudad llena de personas, explotó. Su reactor emocional exploto y nadie sabia con exactitud que hacer. Sus llamas en forma de lágrimas no paraban de brotar de su nada, sus risas se convirtieron en alaridos de dolor y su corazón se evaporo en el viento. Se lo llevo la brisa, lo arrastro por toda la ciudad y cada una de las personas que vivían ahí lo absorbió sin saber que tan dañino podría ser.

Todos hicieron su mayor esfuerzo por apagar las llamas, pero nadie conocía que compuesto apagaría estas. que habían nacido de la reactividad emocional. Cada vez se hacía más y más grande el humo de pensamientos, se esparcía por la ciudad y se colaba en los pulmones de los demás. Los llenaba de veneno, porque los sentimientos quemados y manipulados nunca dejan nada bueno.

Nada bueno iba a pasar si no lograban controlar la explosión. Pero las emociones son algo de lo que no se tiene conocimiento exacto al momento de su reacción. No se sabe que tanto puede llegar a dañar o a sanar. En este caso, los mato a todos. Todos los que trataron de ayudar murieron, como héroes valientes.

Tantos intentos fallidos llevaron a la conclusión que la ciudad era inhabitable, las emociones eran tan intensas que arrasaron con todo a su paso. Todos se fueron y ella, se quedo ahí. Sola, tóxica y con miedo.

 

pequeño cuento, a la carrera, inspirado en Chernóbil. 

La Última Carta

Pensé que me dolería escribirte por última vez, pero no es así. No me duele, solo me alivia. Esta es una carta para explicarte que, a pesar de que ya no te adoro con el calor de mil soles, aún te tengo un cierto afecto. Pasé tanto tiempo esperándote e idealizando la persona que eras que cuando te tuve me di cuenta de que no eras lo que esperaba. Creo que esto nos pasa a todos, construimos una persona que nos encanta y creemos que es lo mejor para nosotros luego le buscamos cuerpo y bam, el indicado. Eso me paso contigo, pasé meses pensándote y admirándote por lo que pensaba que eras y al final lo único que obtuve de ti fue un gran hoyo de decepción. Una decepción que me cause solita.
No te puedo culpar por no quererme, ni hacerte arder en fuego solamente porque no haces de mi sentimiento algo reciproco. Pero puedo culparme a mí por creer que era así. Puedo culparme de atascarme en el tiempo, un tiempo donde vos si eras esa persona. El tiempo avanza y las personas cambiamos, la manera que percibimos al mundo es alterada por nuestras experiencias. Estamos moldeándonos constantemente, y la pieza que éramos antes ya no casa. Ya somos dos piezas que tienen distintas ranuras y si intentáramos casar, nos quebraríamos. Creo que para poder casar tendríamos que moldearnos juntos en el tiempo para que en algún momento una sensación, una experiencia nos haga tener una ranura similar y conectar. Claro que esperar a que eso pase es cosa de quebrarnos y ver como moldearnos luego. Es un proceso doloroso al que no muchas personas se someten, incluyéndome. Las ranuras son cosas mágicas que pasan una vez en la vida y si uno no entiende no aprovecha.
Ya nada de esto importa porque somos otras personas, somos otra piel. Al final no crees en la magia, y así no puedes volar. Yo amo volar y no me voy a cortar las alas solo porque tú no las veas. No me voy a privar de conjurar hechizos ni de aprender nuevos, solo porque a ti te falten ganas. Quisiera mucho que lo sintieras, pero si no crees no puedes.
Lo que si podemos hacer es observarnos a la distancia y entender que, algún día casamos y eso nunca se nos va a olvidar. Nunca vamos a desaparecer del todo, seremos otros sin tener que ponernos un nosotros como título.