La navecita del futuro

Adriana siempre había querido irse en una navecita con René hacia cualquiera lugar en el mundo.

Adriana está enamorada de René pero él no lo sabe y eso hace que su amistad sea más interesante porque René le dice, esporádicamente, cosas lindas a Adriana pero ella no quiere estropearlo todo como siempre lo hace.

René es enamoradizo y por eso es que Adriana tiene un tremendo miedo a que ella en realidad  sí se enamoré y él, al final, no. Entonces solo son amigos, pero Adriana está llegando a pensar que cabe la posibilidad de que ellos puedan compartir una navecita y recorrer el futuro. Adriana y René hablan todos los días por chat debido a que él actualmente vive en Argentina y ella sigue en El Salvador, ambos cursando sus estudios universitarios en cada país.

René siempre le dice a Adriana que ella debería estar allá disfrutando de la ciudad con él; pero ella solo piensa demasiado las cosas y nunca se anima.

Un día Adriana estaba atorada en el tráfico y pensó en alguna razón por la cual ella se negaba a subirse a la navecita para irse con René. No encontró ninguna y entonces renunció a las ataduras. Le llamó y le dijo que iba a Buenos Aires en poco tiempo. Ella siempre había querido irse lejos pero no sabía exactamente que la detenía. René le envió todo lo que necesitaba para aplicar a la Universidad de Buenos Aires. Adriana hizo todo lo de la lista, desde las dos partidas de nacimiento debidamente apostilladas por el Ministerio de Relaciones Exteriores de El Salvador, hasta la PAES y todas sus notas de bachillerato apostilladas también. Pagó todo, aunque le dolió porque con sus ahorros compró el pasaje y su papá le ayudo con el presupuesto que manejaría y con la búsqueda del departamento. Por más enamorada que estuviese de René se negaba rotundamente a vivir con él.

Todo pasó en un santiamén. Adriana al fin se estaba subiendo a la navecita y estaba tocando todos los controles y aprendiendo que las aventuras son caras. El día que Adriana se despidió de su familia en el aeropuerto supo que ella al final no estaba yendo por René, se estaba yendo por ella. La navecita era de ella. Comenzó a despegar y tuvo un poquito de turbulencia los primeros meses porque Adriana aún no podía utilizar bien el GPS, siempre se perdía en la ciudad  y al final terminaba llamándole a René. Pero no sólo se perdía también estaba aprendiendo adonde debía comprar para mantener su presupuesto y René siempre la orientaba.

Adriana llego a pensar que tal vez necesitaba un copiloto para su navecita. Ella era como Han Solo pero necesitaba de René para que fuese su Chewbacca. Ella dejó que él fuese su copiloto y que su primera parada juntos fuera la Floralis Genérica en la Plaza de las Naciones Unidas. Se pararon los dos viendo la enorme escultura y Adriana susurró: “Quiero compartir mi navecita contigo y viajar todos los días en el futuro”. René la vio fijamente mientras ella seguía observando la Floralis Genérica y le dijo: “Tenía miedo que quisieras viajar sola ya que yo siempre he querido que vos y yo viajemos en el tiempo también”. Ella le tomo la mano y por un segundo flotaron.  Adriana al final de cuentas hizo lo que siempre había querido: irse con René en una navecita a cualquier lugar del mundo sin tenerle miedo al futuro porque él estaba con ella y eso le bastaba.

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