Mi proceso hacia la Inteligencia Emocional: Un Ensayo a la Vez

Hola, Mi nombre es Adriana y me gusta escribir. Este verbo es uno de mis favoritos y es en el que se basa todo este blog. Escribir siempre me ha parecido una manera de liberarse. Actualmente estudio diseño estratégico y este ciclo curso una materia llamada inteligencia emocional. Me parece, más que interesante, vital en la vida diaria de cualquier persona por lo que he decido publicar todos mis ensayos para esta materia. En estos no solo explico lo que entiendo, tambien me abro a experiencias propias. 

Tengo miedo pero a la vez creo que en algún punto le ayudarán a alguien a comprender que no está tan loco como pensaba.

Mi primera clase de Inteligencia Emocional la puedo definir, en una palabra: introspección.

Siempre he sido una persona que ha sido tildada por “emocional” o “intensa”, siempre me he exaltado, llorado o reído de más. Mi vida diaria es un circo donde me la paso domando a mis animales internos o, como normalmente les dicen, “emociones”. Esto me ha ocasionado muchos problemas tanto con mi familia como mis amigos. Al lastimarme tome la decisión de encerrarlos donde no le pudieran hacer daño a nadie más que a mí. Me salió el tiro por la culata y aprendí que uno no puede pasar la vida enjaulando lo que es, es mejor afrontarlo y domarlo. Poco a poco he llegado a entender a mis emociones, claro que sigo aprendiendo, y ahora aprendí más de lo que esperaba.

Me di cuenta de que mi animal más salvaje se llama egocentrismo, y que ese aruña duro. Ya estaba consciente de la hostilidad del animal, sin embargo, no sabía de donde había salido o si solo existía en mi circo. Hoy comprendí que todos tenemos este animal. Algunos le cortan las uñas, otros lo enjaulan y su servidora le intenta adiestrar para que no aruñe a cualquiera que intente tocarlo.  Pero a veces es muy difícil domesticar a un animal que ha crecido en lo salvaje de la jungla humana, ya que ha aprendido a sobrevivir por sus propios medios. Quiérase o no, su actitud de supervivencia ha evolucionado por el contacto con los diferentes egocentrismos. En mi caso, le tocó enfrentarse a un veterano, el de mi padre. Mi padre no es una persona egocéntrica, pero siempre tiene que ganar o tener la razón en un argumento. Lastimosamente soy su cría y por ende tengo la misma determinación que la de él cuando solo era un pequeño egocentrismo. Esta lucha constante me enseño que para poder ganar no tengo que sacar las garras, sino que ser más cautelosa y saber cuando atacar. No sé si es más letal un egocentrismo que sabe esperar y adobar a su presa, o uno que solo ataca cuando se le presenta la batalla. Me pregunto si esta es la manera correcta de adiestrarlo, o si este proceso debe amansar a mi ego. Confieso que me da miedo no poder controlarlo, por­que para mí, es una constante lucha y no quiero que sea así porque es una agotadora tarea.

A parte de darle nombre a mis animales, entendí que mi mente no juega al escondelero con mis recuerdos, sino que a “selfdeception”. Me pone feliz por fin ponerle nombre al jueguito, así se cuáles son las reglas.  Me cayó el veinte de inmediato al leer la definición, y pensé: “por esto es por lo que nunca recuerdo lo malo que hago o me cuesta tanto hacerlo”. Lo más chistoso fue que los que mejor se tienen que esconder, son mis fallas. Las verdades que no quiero que la gente vea, pero que las ven. En mi experiencia de disputas, alguien tiene la culpa, y siempre se intenta que averiguar quien es. No es fácil porque mi argumento son las fallas de la otra persona, pero nunca veo lo bueno y viceversa, así como yo nunca veo mis fallas y solo me veo lo bueno que hago. Después de un buen rato de darle vueltas al cerebro, las ves ahí escondidas, pero no decís nada hasta que te cansas que la otra persona te diga que ahí están.

Hay grados de mis sentimientos que no sabía que existían, y ahora entiendo porque a veces vomito cuando lloro mucho o cuando pienso demasiado las cosas. Pensé que era dramática al experimentar estos síntomas físicos. Las emociones también enferman y duelen. El dolor de pecho cuando estás muy triste es real o la energía que sientes cuando estás feliz. Los sentimientos se materializan a través de nosotros por ende hay que saber controlarlos para que no nos convirtamos en una masa emocional ándate que hecha rayos de risas, llamas y lágrimas. Cuando dicen que todo es mental creo que están en lo cierto, uno decide hasta donde dejar llevar sus emociones. Uno no controla a la vida y al destino, pero si las emociones que experimenta. Aunque cueste, hay que tratar.

En conclusión, comprendí que los sentimientos son una cosa muy salvaje que todos tenemos, cada uno se enfrenta con algo distinto. Todos tenemos nuestros relámpagos, demonios y puntos de quiebre. Lo importante aquí es conocernos, para conocer a los demás. Para crear una clase de empatía en la que yo valoro tus emociones, así como tú las mías para no entrar en conflictos emocionales. Para enseñarles a nuestros egos que no son perfectos, enseñarles que tienen defectos y virtudes que tienen que aceptar por igual. Porque el ego no va a desaparecer nunca del ser humano, solo se va a transformar. Me quiero transformar, quiero nivelar la velocidad y cantidad en la que siento. Convertirme en un ser estable e integral para poder coexistir en este mundo sin que sea un circo a diario.

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