El suelo de vidrio

Cuando estoy contigo me siento parada en la mitad de la nada. Todo está oscuro y veo el suelo, es de vidrio. A lo lejos veo una luz y quiero alcanzarla. La luz son tus labios, tus ojos, tus manos, tú. Sos pura luz y te quiero. Comienzo caminando, aumento la velocidad, entonces troto hacía ti. La emoción no me cabe en el cuerpo, entonces noto que el suelo comienza a quebrarse y paro, me lleno de miedo y me paralizo. La luz se aleja y no sé que hacer. No sé como avanzar sin quebrar el camino.

Estando juntos todo es frágil, y me rehusó a quebrarnos. La delicadeza de mis pasos se volvió un sentimiento rígido. Me tenso mientras un temor asqueroso me camina en todo el cuerpo. Una vez corrí en nuestro suelo de vidrio y lo quebré de maneras que nunca imaginé. Ahora pienso más de una vez mis movimientos, llego al punto de crear grietas en el suelo porque mucho me pesan los pensamientos. Ya ni siquiera es por avanzar.

Me brota agua del rostro y ya no se diferenciar, si es sudor o lágrimas. Sudor por mantenerme tan quieta y ansiosa, o lagrimas de no saber que hacer mezcladas con tristeza.

Veo la luz, me lleno de energía para avanzar un poco, pero se fragmenta el suelo. Son pedazos cada vez más profundos, el peso que me cargo es insoportable.

No sé avanzar, no sé quedarme quieta, no sé cómo llegar hasta ti sin quebrar el camino.

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